Posteado por: magaaudiovisuales | diciembre 29, 2008

GUARDA EL PERRO !!!

Una cálida madrugada, nos dispusimos con David Juárez, fotógrafo que me acompaño durante la realización del documental del Camino Real, a tomar fotografías y filmar el amanecer sobre el Camino Real y que se ven en el documental.

Escena del documental El Camino Real, filmada minutos despues de lo que relataré a continuación

Escena del documental El Camino Real, filmada minutos después de lo que relataré a continuación

Salimos de Córdoba a eso de las 4 de la mañana para poder llegar a Villa Quilino a las 5:45hs, tomar el camino que une esta localidad con San Pedro Norte y subir hacia el norte.  El hambre se apodero de mi y nos hizo detener mas de lo previsto para deleitar un sándwich de salame y un café con leche espumante, lo del hambre era casi una costumbre ya que entre manejar y filmar nos olvidábamos de comprar comida salvo alguna bolsita de maní con cáscara. Cuando nos percatamos que el sol estaba pronto a asomar nos subimos al auto y tomamos el camino que aun no conocíamos, el apuro era imposible de disimular, el amanecer estaba a punto de suceder.

El auto que utilizaba esa vez para viajar era un Vw Gol modelo 1992, el auto funcionaba bien bajo condiciones normales de manejo y terreno, como cualquier automóvil, bien de frenos, de motor, de ruedas y de dirección.

Comenzamos a avanzar sobre la huella que hasta ese momento estaba en buenas condiciones, si alguien lo recorrió alguna vez se los recomiendo en muy pintoresco pero sin apuro.

Haciendo un calculo casi exacto nos dábamos cuenta que si no aceleraba no llegábamos a tiempo de filmar al sol asomándose en el horizonte, pero ninguno se atrevía a decir nada ya que no estábamos dispuestos a rendirnos y desperdiciar el esfuerzo que nos llevo llegar hasta ahí,  pero para eso sabíamos que debíamos apurarnos. Comencé a pisar de apoco el acelerador y el auto comenzó a deslizarse por sobre la paja brava que dividía la huella del camino, de reojo podía ver que David apretaba cada vez mas fuerte la manija de la puerta, pero yo iba seguro, claro eso siempre le sucede al que maneja. Íbamos callados pero con todo el apuro por dentro cuando de pronto veo que el camino comenzaba a cerrarse con la vegetación, días atrás había llovido bastante por suerte para esa zona y los yuyos crecían sin control. A lo lejos identificamos un punto donde creíamos seria bueno ubicar nuestras cámaras pero faltaban varios kilómetros.

La velocidad no recuerdo si era de 80 u 90 Km/h que es debo reconocer bastante para las condiciones del terreno, un camino cerrado de yuyos hasta casi las puertas que superaban fácilmente la altura del auto, en pocas palabras no se veía nada  solo para delante, el sol me estaba jugando una pulseada que no me iba a ganar fácilmente, en ese momento mientras manejaba pensaba que era lo primero que debía sacar para colocar la cámara y filmar y demorar el menor tiempo posi.. cuando de pronto escucho el grito ensordecedor de mi compañero al oído que me grita “guarda el perro”, cuando vuelvo la vista al camino veo que entre la maleza asoma solamente un cuello con la respectiva cabeza de un perrito que a juzgar en esos escasos segundos era la de un perrito distraído, bien de campo y de escaso pedigree, de carácter muy tranquilo y que su maza ósea le apuntaba casi con exactitud al paragolpe, o mas bien yo le apuntaba con el paragolpe. Imaginen un camino que solo tienen el ancho del auto, todo los demás para el costado es yuyo y que les aparece una cabecita entre estos y les tapa una parte del camino. Lo que atine es a frenar un poco pero a la velocidad esa y la distancia al perro no alcanzaba a parar al auto, entonces lo que atine conciente o inconcientemente es a esquivarlo, en fin pobre perro no tenia la culpa de que esa mañana tranquila como de costumbre dos tipos en un auto a lo loco para filmar un amanecer lo dejaran inconciente o quien sabe que mas le podía suceder.

Lo esquivo y me doy cuenta que el perro no nos miraba a nosotros miraba para el otro lado, claro, que se iba a imaginar que veníamos. El auto se salio de la huella y me metí en los yuyos, comenzó a virar la parte trasera de un lado a otro, se metía y salía del camino, no me atreví a frenar por miedo a que se descontrole mas, así estuvimos casi cien metros entrando y saliendo del camino dando semitrompos y llenándonos de tierra y yuyos pero continuamos.

No dijimos una palabra hasta que luego de filmar llegamos a San Pedro Norte que nos relajamos, no se si porque algo se nos interponía en las cuerdas vocales o porque no queríamos recordarlo.

Creemos hasta hoy que el perrito nunca se dio cuenta de lo sucedido esa mañana calida a punto de amanecer en ese hermoso camino entre Quilino y San Pedro Norte.

David tomando la fotografia del amanecer luego del encuentro con el perrito, el camino ya se ve mas despejado de vegetación

David tomando la fotografía del amanecer luego del encuentro con el perrito, el camino ya se ve mas despejado de vegetación

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